Colorín, colorado… Y vivieron felices por siempre.
Me siento defraudada, hoy me siento sumamente defraudada. Toda nuestra vida, nuestra niñez mejor dicho, esa niñez donde todo lo que te dicen te puede maravillar, donde todo es cierto, donde todo es posible, donde sueñas con caprichosas quimeras, donde eres mas vulnerable a cualquier cosa… toda esa bendita infancia te cuentan el espectacular cuento de la princesa que tras sufrir terribles maleficios y conjuros, tras luchar ante dragones y brujas, perderse, quedar ciega, ser presa de una madrastra y hermanastras pérfidas, vivir encerrada en absoluta soledad en una torre de metros y metros de alto, tener que pasar noches en vela hilando paja para convertirla en oro, dormir muchos años sin esperanza alguna vez ser despertada, tener que soportar a una bestia horrible y, así, un sin fin de cosas espeluznantes, después de tanto… encuentra de manera increíble al hombre que llegará a salvarla de todas las cosas feas que hasta ese momento le ha tocado vivir, el famoso “príncipe azul”, ese que es cariñoso, tierno, valiente, preocupado, esbelto, carismático, sociable, razonable, conciente, honorable, buen amante, buen padre, buen hijo y hermano, un buen prospecto de “semi-dios humano”.
Nos resignamos a vivir cosas impensadas, con la seguridad dogmática de que todo eso valdrá la pena porque en algún momento llegará nuestro príncipe azul para librarnos de todo mal.
Me siento defraudada… esa es la verdad, todas nuestras madres se encargaron de contarnos cuentos de final feliz, cada noche, para que pudiéramos dormir y soñar con ese príncipe azul… Pero ¿porqué si fueron capaces de hacernos creer en la existencia del príncipe azul, no nos advirtieron también que el camino sería largo y que antes de encontrarlo tendríamos que pasar por una serie de “intentos de príncipe”, besar miles de ranas embaucadoras que nunca se transformarían en hombre, o simplemente nunca llegaría ese ser que nos enamoraría sin medida ni razón? o ¿Por qué no nos advirtieron que los “príncipe azul” fueron una edición limitada que no alcanzaría para todas y que mucha de nosotras se quedaría sin el, que tendríamos que seguir viendo en el reverso de ellos un “siga participando”? ¿Por qué nadie se encargo de decirnos que los príncipe azul son solo una invención del hombre- racial y genéricamente hablando- y que los que en algún momento parecen serlo, con el tiempo se van decolorando hasta quedar en príncipes gris, y que si nos atrevemos a vivir el proceso, arriesgamos a que, sin darnos cuenta, terminen por desteñir nuestros propios colores?.
Personalmente me cansé de la búsqueda, me cansé de “besar ranas en vano (8)”, me cansé de creer en fantasiosos cuentos irreales donde los finales siempre terminan felices.
Quizá los príncipe azul existan, nadie lo niega, pero deben estar en algún universo paralelo a miles de kilómetros años luz de distancia, porque, lo que es yo, no he divisado a ni uno a kilómetros a la redonda de mi castillo.
Tiraré mi larga trenza por la ventana, bajaré aferrada a ella hasta pisar “tierra firme”, la cortaré como un rito de iniciación a la vida real, y buscaré mi propio final feliz, con o sin príncipe azul, gris, verde, calipso, fucsia, celeste, anaranjado, o lo que sea, total, si tuvimos que pasar siglos y siglos soportando madrastras, dragones, brujas y demases, ¿quién nos dice que no podremos vivir con ello el resto de la vida? ¿ah?