sábado, 4 de octubre de 2008

Sueño... Sueño... Maldito Sueño, Dime ¿Porqué Me Haces Esto?

Saliste de tu cuarto dispuesta a emprender un viaje, con una meta final, sin un rumbo trazado, sin saber que pasaría, sin saber que te deparaba el futuro, pensaste que nada podría ser peor que quedarte en tu cama, postrada, con la carne media putrefacta, los gusanos comiendo tus interiores, pensando en el futuro
Las nubes desde lo alto parecían pequeños cúmulos de merengue, puestos sobre una torta gigante
Cuando llegaste a tu destino, sin saberlo, yo sabría que te encontraría en aquellos parajes, también desconocidos para mi…
Cuando te vi, toda indefensa en lo desconocido, como buscando alguna cara conocida, algo que te trajera a la vida real, arrancando de la marea que azotaba contra las piedras marinas esparcidas a lo largo de la bahía, parecía que todos mis pensamientos se habían volado, y solo estabas tu, ahí, en medio de la nada.
Como mi estado no me permitía ni siquiera respirar, solo reaccione cuando te abalanzaste sobre mi y me abrazaste… solo ahí el remezon, en todo sentido claro, que me diste me despertó e incitó a la vez a abrazarte como nunca… rodamos por la blanca arena que a nuestros pies estaba… una risa colectiva salio del aquel acto infantil, que luego supimos callar con el primer beso, tierno, delicado, el primer beso… simplemente fue el beso perfecto…
Las miradas entrecruzadas, cómplices de un deseo reprimido por años luz, por fin desbocado en aquella copula, felices, riendo de nada, sin tomarle importancia a la presencia de aquellos extraños, extraños desconocidos de nuestra realidad…
Arreglamos el encuentro para una semana más, porque tal cual te lo había dicho unas semanas antes, no dejaría que nadie te arrancara de mi lado, seria un rapto aceptado por ti… Nos fuimos a mi casa, te presentaría a mi familia, seria todo tal cual como lo había pensado… A mi madre la encantaste desde que te vio entrar por la puerta, con esa cara de ingenua que sueles tener cuando no sabes como reaccionar… creo que tu miedo nos cautivó a todos, lo se porque estabas muy tensa…
Te pase algo de ropa, para que te fueras a bañar… el agua corría, el vapor se escapaba por debajo de la puerta y yo esperaba impaciente, sentada en el suelo, como de costumbre, apoyada en la pared, junto a la puerta…Maravillosas confusiones en mi cabeza, demonios implacables, indomables, deseos incontenibles, propagados por todo mi cuerpo…
Entré… me quedaste mirando, paralizada… el agua corría, de seguro ya sabias que esto pasaría, así lo querías, así lo planeaste… hubiera sido fácil ponerle el seguro a la puerta… me quité la ropa y me quedé a tu lado… mirándote… tu cara de asombro superaba mis propios miedos… y los tuyos…
Te dije que no tuvieras miedo, al momento que me acercaba a tu boca… boca rosada… fue un beso cargado de pasión, y una cuota de erotismo… lenguas en movimiento, mis manos en tu rostro, tu pelo mojado mas abajo de la cintura… me abrazaste y empecé a besar tu cuello, tan exquisitamente perfecto, suave, estilizado…tu cuello perfecto… mientras bajaba por tus hombros y acariciaba tu cintura, mi madre empezó a llamarme… me dijiste que mejor no siguiéramos… pero tape tu boca y te di vuelta con rapidez, una rapidez casi furiosa…
Tu espalda se mostraba perfecta… era una espalda mas bien pequeña, con un hundimiento en la cola que me provocaba besártela entera. Y no hice esperar mucho a mis deseos. Tu piel suave, el agua deslizándose por ella como miel de dioses que llegaban a mi y yo, bebiendo de ti, tan exquisitamente deliciosa.
No me cansaba, es que simplemente era una sed insaciable, loca, desenfrenada.
Te volteé nuevamente y te quede mirando a los ojos… tu mirada aun atónita me daba luces que el miedo corrompía tus instintos y ganas de besarme… te recorrí con la mirada centímetro a centímetro, que no quedara rincón sin ser explorado…
Inevitablemente llegue a tus pechos, estables, redondos, excitados… y desesperadamente me acerque a ellos… con una mano me dedicaba a recorrer tu silueta, y mi boca en tu pezón jugaba como hojas revoloteando con el viento otoñal… tus gemidos parecía que se extendían por la habitación y se perdían en un eco sin fin, pero en mi oído eran tan solo un susurro imperceptible, que me excitaban a cada segundo, a cada respiro… Gemidos que, en ocasiones se convertían en pequeñas risas inocentes y de placer… Por la excitación que causaba el roce de mi lengua en tus pechos, tuvimos que encontrar un punto de apoyo… la pared fría hacia el contraste con nuestra presunta temperatura corporal.
Tu vientre, mientras mi boca se deleitaba con tus pechos jóvenes, se movía de forma ondulante, como invitando a probar de el, como una vil serpiente tentándote a comer de la manzana prohibida… y tal cual Adán no pudiera negarse, yo tampoco fui capaz de negarme… besando tu vientre llegue al encanto máximo… nada mas me importo que tu placer, las pequeñas quejas de deleite que tu boca emanaba, todo el deseo que reprimimos se habían echo carne en ese encuentro, tu entrepierna me decía que no querías salir de ahí.
Te confundí con un ángel caído… la toalla blanca te venia bien… el cabello suelto y mojado, tu rostro tan bello, tu nariz, tu boca y tus ojos… temblando de frío…. Te abrace fuerte, te seque entera, suave y lento, cada parte de tu cuerpo desnudo en mis manos. Cuando te pase la ropa y te dije que te vistieras, no supe que decirte ante tu negativa, te mire sin ni una reacción facial… con un beso fuerte basto.
Cerré la puerta de mi habitación y caímos a la cama… te mire completa, mire tu cara de incertidumbre por mi forma de reaccionar y comencé a besarte… simplemente eran dos cuerpos moviéndose al unísono… vez que terminaba en un lugar, te miraba para encontrar tu aprobación, y seguía con el resto. Con cada mirada te quería decir mil cosas que entendiste a la perfección, y a la vez tu me decías otras tantas que se convirtieron en el lenguaje de esas horas… cada caricia, cada beso, todo era una experiencia nueva y gratificante, era una sensación que me hacia sentirme mas cerca de algo, mas lejos de aquí.
Bajamos con mi madre… claro que no estaba sorda, solo que no la escuche. Salimos a la calle, teníamos que hablar de todo lo que había pasado, ya era invierno, corría un viento y las hojas caían de los árboles tan bellas, me tomaste del brazo y yo preferí tomarte de la mano. Entrelazamos nuestros dedos y nos dedicamos a caminar. Recorrimos todo el parque forestal, caminamos por Providencia, hablamos poco, las mirabas abundaban.
Llegamos a la casa, te mostré las fotografías que tenia, las tuyas, las mías, nuestras conversaciones… nos fuimos a la habitación. Te pregunte que si querías que te acompañara.
Hacia tanto frío que te abrace para que te durmieras
Te quedaste dormida al instante mientras te decía lo hermosa que eras, te observaba y te acariciaba el rostro, el cabello, te di mil besos mientras dormías, en los brazos, la espalda… me dormí mirándote…
Y de ahí que nadie es capaz de despertarnos… de despertarme de este sueño…
Jamás te fuiste, y jamás te dejaría ir…

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